domingo, 10 de febrero de 2013


Antes de esta entrada, iban a haber tres más, cuatro. Todas escritas con tu nombre, con los demás envueltos en mi mar salada. Invocar tu nombre en la escritura, con aquellas canciones que siempre consiguieron atravesarme, me hacen desangrarme. Sin embargo, es la única forma de liberarme. Nos engañaron a todos. Decían que estar sin cadenas era ser libre. Que aquello que te liberara sería bueno para ti. Mi libertad me está desangrando, la verdad me deja ampollas cada vez que me acerco. "Que la verdad me hiera" dijeron, ¿Con qué propósito?


Jamás te mientas a ti misma dijeron, pues así uno llegaría a creerse esa mentira. ¿Y qué pasa si me miento? ¿Tan malo sería que la mentira me sacara del agujero? No seas egoísta dijeron. ¿Por qué tengo que elegir entre que sufra yo en lugar de él? ¿Por qué uno de los dos ha de salir herido?
Cumplí todas las normas, todas. Y ahora, cada una me atraviesa como un puñal dirigido por mi misma mano.

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