lunes, 22 de octubre de 2012


El la había prometido el universo entero. Primero fue la luna, un clásico por dónde se suele empezar, más tarde una galaxia lejana, oculta y desconocida por todos. Cada noche le prometía unos cuántos planetas y estrellas más y así fue ampliando hasta que finalmente había prometido todo lo que alcanza la vista y mucho más. Sí, podemos asegurar que la había prometido el universo entero.
Ella fue paciente en la espera de la entrega de tanta promesa continuada.
Finalmente una noche estrellada, como tantas otras, él le confesó la realidad sin rodeos.
- Es cierto que no podré darte todo lo prometido, pero si puedo agrupar mis sueños en letras y entregártelos en forma de carta, así, para que perduren hasta que la tinta se borre con los años y entonces volveré para recordartelo.
Ella ojeo el sobre en silencio y asomaron unas lágrimas invisibles. Por un momento se le olvidó leer, pero cómo decírselo a su poeta preferido.
Se fundieron en un abrazo eterno, el poema rodó años abajo y el viento lo transportó más allá de los sueños, hasta llegar al recuerdo de hoy.

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