lunes, 8 de octubre de 2012


Digamos que estás en un bar. Y que entra ese chico. Su sonrisa y sus labios que no olvidas están ahí. Digamos también que va acompañado de otra. Y no eres tú. Una tía que te da mil vueltas de campana. Sin embargo el te ve y se sonroja, aún. Ella parece de esas imbéciles de las que te hacen olvidar las penas pero que después en casa son más pesadas que los sinsentidos en el corazón.
Digamos que no estás y que todo era un sueño. Un sueño imperfecto y doloroso acompañado por duras situaciones que te hacen comprobar que el sigue allí y no se ha movido desde el accidente, que tu vida es una mierda desde entonces y que pese a que hay buenos chicos a tu lado, los sinsentidos ya han vuelto y que las estrellas no se fueron.
Desde entonces.

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