miércoles, 1 de agosto de 2012


Y entonces me descubrí mirándome.
Allí estaba yo, en pie, justo enfrente del espejo donde siempre te imaginaba.
Entonces tus formas tenían el sentido perfecto, como parte de un plan astutamente preparado, te imaginaba siempre con la cantidad justa de luz, la suficiente como para que yo pudiese componer el resto.
Me descubrí mirandome y puse el empeño suficiente para descubrirme al detalle. Durante unos minutos centré toda la atención en mis ojos grandes de tonos oscuros, y fue entonces cuando por primera vez te descubrí en mi.
Allí estabas tu, en cada movimiento, en cada parpadeo.
Sorprendida decidí continuar con la ''auto-exploración'' y en cada uno de los paisajes de mi cuerpo pude descubrirte, en algunos más escondido que en otros, pero en casi todos estabas bien presente.
¿Por qué estaba sucediendo?
¿Por qué practicamente tu y yo formabamos un solo elemento? ¿Un solo ser?
Quizás te había idealizado tanto que ''de a poquito'' me fui componiendo contigo hasta descubrir que yo estaba completamente hecha de pedacitos de tí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario