lunes, 23 de abril de 2012



'Sería bonito decir que nuestras miradas se encontraron y que yo me acerqué lentamente a ella. Sería bonito decir que sonreí y que hable de cosas agradables y de futuros prometedores, que la sorprendí con una carta o alguna rosa que espera ser recibida, como el Príncipe Azul de algún cuento de hadas. 
Por desgracia, la vida casi nunca tiene un guión tan meticuloso. 
Pero allí estaba yo, y yo no estaba preparado para ese encuentro. Estaba a apenas tres metros de mí cuando levantó la cabeza y me vió. Su rostro se iluminó, como si alguien hubiera encendido una vela en su interior que la hiciera resplandecer. Me sonrió y yo me acerqué a ella y me senté a su lado..
Por un instante, pareció que fuera a hecharse en mis brazos, pero en el último momento se paró y miraba a las personas que estaban sentadas alrededor de nosotros. Y luego me miró a los ojos y me dijo que pensaba que no iba a aparecer por allí. Lo hizo con elegancia y ese interesante misterio que aborda. pero aun así seguía sonriendo..
Entonces comprendí que era preciosa. Era una sonrisa dulce, cariñosa y tímida,... Era cordial, sincera y ligeramente educada. Cuando me sonrió, sentí... 
No se me ocurre cómo describirlo, de verdad. Sería mas fácil mentir. Podría copiar algunas frases de cualquier historia y contaros una mentira tan familiar que no dudaríais en tragárosla. Podría decir que me temblaba la voz. Que me costaba respirar. Y aun así...
Me sentí como el hielo mismo, resquebrajado de pronto, con grietas extendiéndose a partir del sitio donde ella me había tocado con sus primeras palabras después de tanto tiempo, allí, donde habían llegado, al fondo de mi pecho. La única razón por la que me sostenía era porque el millar de piezas que me componían se apoyaban unas en otras. Temía derrumbarme si me movía.
Quizás fuera suficiente decir que me bastó con una sonrisa.
Pero con todo eso, no me porté como debí, el miedo me cegó y me hizo decir palabras que en la vida pensaba pronunciar.. Palabras que herían como cuchillos y que estaban tan frías que cada vez que abría la boca le quitaba una de sus sonrisas.
Hablé demasiado y nada de lo que hablaba eran similares a mis pensamientos, quizás fueran los aires de hombre, o quizás de niño. O yo que sé que..
Pero me aterrorizo cada vez que pienso que realmente le pedí que se fuera de mi vida, aún sabiendo que sin ella ,no podría vivir.'

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