lunes, 13 de febrero de 2012

The same old story.


Vamos, lo que sea será, soy fuerte. Brillo por mi propia luz, losé. Creo en mí. No debería esperar por nada, ni por nadie. No debería esperar momentos de felicidad, debería salir ahí afuera, buscarlos, perseguirlos y atraparlos. Sí, eso haré. Aunque, en este caso, será diferente. Serás tú el que me tendrá que lograr atrapar a mí. Vamos, ven, juntos podremos alcanzar la felicidad en estado puro. Y si no, no pasa nada. Mira que no hay gente por conocer en el mundo, historias que compartir, besos que saborear, y gente dulce. Gente amable, graciosa, divertida, tímida, sin complejos, sin miedos, respetuosas.. Simplemente gente. Y, entre todos ellos, una persona dulce, una persona que resaltará de entre las demás, que encajará a la perfección conmigo, como si de un todo se tratase. El amor de tu vida. Qué bien suena. Pero no hay prisa, no. Yo mientras seguiré volcada en mi dura tarea: La búsqueda de la felicidad.
Aunque una cosa está clara, la felicidad en estado puro no se encuentra en el mismo sitio de siempre, con la misma gente de siempre y con todo lo que puede ofrecerte algo momentaneo. La felicidad en estado puro solo le consigue si dejas de vivir para si mismo. Si un día te despiertas y piensas que ya no merece la pena vivir, piensa que hay gente que vive sin saber porque ni para que, por eso, No te cierres, ábrete, a la gente, a los sentimientos, a ti. Y saber que la felicidad ha estado en la misma calle que tú, y que has mantenido una conversación con las sonrisas; se encuentra en planes fuera de lo común, en cosas nuevas, en sueños por realizar y en un presente iluminado y lleno de nuevas experiencias.
Y esto, señores, es lo único que yo perseguiré eternamente, lo único que merecerá la pena esperar y seguir. Y no me importa todo el sufrimiento que haya por el camino, ni las piedras que encontraré ni los tropezones, ni las caídas… al final, la recompensa será dulce. Y las heridas sanarán tarde o temprano.

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