martes, 3 de enero de 2012

Nadie más va a venir a salvarle. Nunca más le va a volver a ver. Se ha ido y en sus planes no hay un regreso.
Su ángel de la guarda se ha marchado para no volver. Le ha dejado sola ante el peligro. Atemorizada de todo lo que le rodea, de sus pensamientos, de sí misma, y de los demás.
Ella espera ansiosa su regreso, un regreso que no ve por ninguna parte, que parece que nunca sucederá, pero es lo único que le queda.
Mas sabe que tiene que hacerlo en silencio, lo que le corrompe aún más el alma, nadie puede enterarse de que su presencia ya no está con ella, de que tiene las defensas y la moral baja, porque si no volverán las sombras que tanto le asustan para hacerle daño.
Y entre esas sombras se encuentran sus propios pensamientos, tiene miedo de quedarse consigo misma, prefiere salir y mostrar una felicidad fingida delante de sus amigos y su familia que quedarse sola en casa.
No quiere volver, no quiere que le alcance la hora de llegada, porque sabe que entonces no tendrá más remedio que escucharse a si misma, a esos estúpidos pensamientos que solo le recuerdan que le ha perdido para siempre, que todo ha sucedido por su culpa, y que lo único que puede hacer para recordarle es mirar viejas fotos. Entonces volverán las lágrimas tiñiendo su almohada de tristeza y de añoranza. 
Volverán las noches en vela y los ojos hinchados por la mañana. Se le acelerará tanto el corazón que parecerá que se le vaya a salir del pecho.
Ya no hay nada peor que le pueda pasar, ya no hay nada que le pueda hacer más daño, porque sería imposible encontrarse peor, ya se siente muerta.
Lo mejor de su vida se ha esfumado como el humo de un cigarro y sabe que no puede hacer nada para que vuelva.

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