martes, 3 de enero de 2012

No one over said it could be this hard..
Las calles de aquella ciudad parecían vacías..
La gente caminaba a su alrededor, pero ella seguía sintiendo que estaba sola, que la habían abandonado en mitad del camino y habían roto la lámpara de aceite que alumbraba su camino.
Y es que a veces nuestros ojos no son lo bastantemente claros como para mostrarnos la ruta que debemos seguir, a veces necesitamos a una persona que nos ayude, dos ojos más, que nos aconsejen, pero, 
¿Y si esa persona es la misma que nos ha dejado abandonada? ¿Qué hacemos?
Las horas seguían pasando y el sol decidió esconderse detrás de las nubes para evitar darle una respuesta a su frustración. Éstas por otro lado decidieron mostrarle compresión y amargura con aquello a lo que algunos llamas ''lluvia'' y ella decidió responderle con gotas muy parecidas, de agua y sal a las que me gusta  llamar ''lágrimas'', que en ese instante caían como hojas al suelo.
Por un lado lo agradecía, odiaba llorar en público, en parte porque sabía que aunque lo hiciera no le importaba lo suficiente a nadie como para que se preocuparan, como para mostrarle una solución o regalarle un abrazo de apoyo.
Pero ella prefería no pensar en eso, simplemente culparía a las nubes de su ropa mojada, y al resfriado del color de sus ojos y se miraría en el espejo repitiéndose que todo va bien.

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