martes, 31 de enero de 2012

-Calle ancha, ocho de la tarde, sus pies andaban solos, como si de una maratón se tratase, se apresuraban a andar cada vez más deprisa, una costumbre debía ser.
Ni siquiera sabía ni a donde iba ni por donde, y realmente le daba igual.
Solo se apresuraba en llegar a algún sitio mientras escuchaba por los cascos una melancólica canción.
Llevaba el cuerpo recto y la cabeza mirando hacia arriba, la gente que pasaba a su lado la miraba, pero ella ignoraba a cualquiera, solo se centraba en mirar hacia arriba, en mirar aquella estrella que la iluminaba radiante.
Pensaba que podía escucharle, por eso le susurraba mentalmente deseos.
Aunque fuese un vano intento de esperanzarse con una pizca de ilusión ella lo intentaba, tenía algo que pocos tienen, tenía fe. 
Seguía mirando la estrella cuando pensando en todo y en nada se cruzó de repente en su mirada una luz intensa que se encendió y se apagó, era una estrella fugaz. 
Era el momento, en un segundo cerró los ojos, apretó los puños y pidió su deseo con todas sus fuerzas.
Tanto fue así que al abrir los ojos una lágrima cayó al suelo.-

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